La víctima es mucho más peligrosa que el poderoso y su carga de responsabilidad. Cuidado con el juego
desesperante de la víctima crónica. Algunas personas huyen de sus propias responsabilidades (porque tendrían si no que cuidarse a sí mismas) mostrándose desamparadas y débiles con la intención de invitar a otros a cuidar de ellas. Si la otra persona no responde entonces es acusada de ser insensible y cruel. Pero si toman el arrogante rol del cuidador, entonces el desamparado pronto lo despreciará como siendo tonto y débil, y lo que ofrece le será devuelto como algo no lo
suficientemente bueno. En el largo plazo es el ayudador quien llegará a sentirse desamparado. Finalmente la víctima está en la posición de poder, pese a que no ha ganado nada sino la degradante imposición de su
voluntad jugando a través de su debilidad.
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